SALA DE PRENSA

En el Atlántico la esperanza sigue intacta

Son las 5 de la tarde, está a punto de ocultarse el sol y aún con el resplandor de la sofocada jornada, relatamos al mundo esta historia de contrastes en que se ha convertido la tragedia de las inundaciones en el sur del Atlántico.

 

El Gobernador Eduardo Verano De La Rosa y la secretaria de educación, Lilian Ogliastri, a quien ahora llaman con cariño la guardiana de los albergues, recorren las instituciones educativas para verificar las condiciones habitacionales de los “refugiados” por la tragedia invernal.


Nos sorprende gratamente la limpieza y el orden de todos los elementos materiales dispuestos para la convivencia en el Colegio de Bachillerato de Sabanalarga, CODESA, La Institución Educativa José Eusebio Caro y el San Pedro Claver de Cascajal.


Esta es la primera escena de una historia llena de contrastes, a consecuencia de un boquete que se abrió a las 4 de la tarde del martes 30 de noviembre de 2010 en el kilómetro 2.5 de la vía que conduce desde la Carretera Oriental  hasta Las Compuertas.


Esa tarde le cambió la vida de manera abrupta a más de 94 mil atlanticenses, quienes hoy están alojados en albergues, caminando al éxodo hacia otros municipios,  esperando a la orilla de la carretera para ser evacuados  y recibiendo las ayudas que están  llevando la Gobernación, Cruz Roja, Defensa Civil y demás organismos de socorro que han unido esfuerzos en medio de este drama técnico y humano.


Vamos de Cascajal a La Oriental, somnolientos y cansados por el trajín de las agotadoras jornadas en que andamos con el Gobernador Verano desde mucho antes de romperse la vía y abrirse el horroroso boquete, que tiene en jaque a la ingeniería avanzada. “Lo tapamos porque lo tapamos”, dijo Verano y lo reiteró el ministro de transportes Germán Cardona.


El panorama en la Oriental es distinto al de los albergues de Sabanalarga y Cascajal. Llegar a Bohorquez es deprimente y seguir a Campo De La Cruz parte el alma,  al observar lo que queda de sus ruinas debajo de las aguas y un puñado de seres humanos aferrados a la esperanza de que se pueda tapar muy pronto ese maldito boquete.


Hay agua a lado y lado de la vía, las canoas son atracadas por la tarde y salen hombres en turno a patrullar por las noches, para que los oportunistas no sigan saqueando las ruinas de lo que hasta hace unos días eran apacibles refugios de hogares felices.


Los perros y burros son amarrados a la orilla de la vía,  en árboles que se resisten a la arremetida de las aguas, mientras los vehículos pasan con cuidado para evitar atropellar a los animales y personas que conviven en la calzada, pues la berma está inundada.


Una Estación de Servicio, que expende gasolina exactamente a la entrada de Suan, es parte del poco terreno seco que queda para refugiarse del embate de las aguas. Allí las motos, vendedores y transeúntes se disputan los espacios para trasegar hacia la esperanza de que pronto se tape el boquete.


Llegamos por carretera al epicentro de la tragedia, el tristemente célebre boquete que ha causado tanta angustia, hambre, desolación y tristeza a medio departamento que entre las aguas se resiste a sucumbir.


El más optimista de todos, el capitán de la nave de la esperanza, Eduardo Verano De La Rosa, verifica personalmente el avance de los trabajos y constata que ya van 38 metros de tajamar construido en el lado sur, donde opera la firma contratista Valorcon y 44 metros del otro lado a Santa Lucía, donde trabajan los equipos de los hermanos Osorio.


Hemos pisado el terreno y podemos manifestar que en efecto los trabajos avanzan, que hay más terraplén ganando al chorro y que el operador de la máquina se esmera por sacar adelante la tarea. Es hora de salir de la zona, hay que apurar el paso y retirarse para que no se retrase la operación, ese espacio es reducido y debemos despejar para que los equipos reanuden su tarea tras entregar el informe al Gobernador.


Mañana regresaremos a la zona, como seguramente lo harán muy pronto quienes han tenido la oportunidad de llegar hasta el boquete; un sitio misterioso, que surgió de entre la nada, que marcó la vida de los atlanticenses para siempre y que le muestra al mundo lo implacable que suele ser la naturaleza, cuando quiere cobrar a las generaciones presentes los efectos que sufriera por las acciones del pasado.


Este ha sido un invierno muy rebelde, que se enfrentó en el Atlántico a una coraza construida por el equipo de Verano para evitar inundaciones, pero embistió con fuerza un punto específico de la geografía en el que sólo ella, la naturaleza sabía que podía vulnerar las defensas.

 
La esperanza sigue intacta, la fe y la tenacidad tendrán que vencer, para tapar el boquete antes de la Navidad, antes que las aguas putrefactas que hoy inundan poblaciones y arrastran sueños, puedan acabar con la alegría de niños y adultos que esperan pasar las fiestas al lado de los suyos, aunque sea en un albergue temporal de los que ha montado la Gobernación.

 

 

 

 

 

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Gobernación del Atlántico