
Cerca de 94 mil personas viven a esta hora el más grande drama de su historia, padeciendo hambre, desarraigo, pérdida de bienes materiales, viviendas y transformación de sus vidas por el fenómeno de las inundaciones en el Cono Sur del Departamento del Atlántico, al norte de Colombia en la Región Caribe. Tras nueve días de haberse roto una vía que servía de muro de contención de las aguas del Canal del Dique, brazo del Rio Magdalena que une a Calamar con Cartagena, en la zona hay desolación, tristeza y tragedia.
El Gobernador del Departamento del Atlántico, Eduardo Verano De La Rosa, un administrador de empresas que comenzó a ejercer su cargo en el año 2008 y espera terminar su mandato en diciembre de 2011, ha declarado al mundo que se requiere mirar el drama de su región como una verdadera catástrofe. Un equipo conformado por los distintos organismos de socorro y asistencia social se reúne de manera permanente en la llamada Sala de Crisis que funciona en el salón principal del despacho del mandatario, mientras en otro recinto se planifican con premura las acciones técnicas a cargo de ingenieros que tienen el reto de cerrar lo más pronto posible un enorme boquete que se abrió en la vía colapsada el 30 de noviembre a las 4 de la tarde. “El boquete inició con 10 metros de ancho, en una hora avanzó a 50 metros y en menos de 24 horas ya se había convertido en un nuevo torrente de 240 metros de ancho, desviando las aguas del canal del dique de su cauce rutinario a inundar las zonas habitadas de 7 municipios en el denominado cono sur.
Han desaparecido bajo el agua cinco pueblos enteros, otros dos están sometidos a una presión hidráulica que obligará a reubicar a sus habitantes y en las calles de los municipios cercanos el hambre y la zozobra están incrementando el drama de la población que sobrevive a la tragedia en forma infrahumana.
El 33 por ciento del territorio total del Departamento se encuentra inundado y para la evacuación de las aguas una vez cesen las lluvias se requieren esfuerzos de ingeniería que tardarán entre 6 y 12 meses por lo menos.
Cuando inició la tragedia comenzaron a utilizarse los colegios como sitios de albergue y a esta hora han colapsado por el incremento en el número de damnificados, algunos se inundaron y hubo que reubicar en otros albergues de otros municipios a la población que se convierte en doblemente damnificada.
Imágenes dantescas se observan en las calles, la poca gente que queda en los pueblos fantasmas del cono sur del Atlántico porque no tienen a donde ir conviven con animales muertos y comienzan a presentarse epidemias.
Las tiendas de abarrotes no tienen comida y las ayudas humanitarias que llegan a los sitios de la tragedia se distribuyen en forma precaria por la inestabilidad de las cifras de damnificados que cambian a cada hora ante la fuerza de las aguas que van arrasando las poblaciones.
Se han realizado dos jornadas de recolección de ayuda humanitaria en la ciudad de Barranquilla, capital del Departamento del Atlántico y a esta hora los equipos de trabajo hacen un llamado a la comunidad internacional para que ayude no sólo con la entrega de alimentos, frazadas, colchonetas y elementos para la subsistencia. “Es necesario que la ingeniería mundial actúe pronto, que tal como ocurrió con los 60 mineros de Chile aparezcan ideas y maquinaria adecuada para taponar el boquete en menos de los 15 días que hasta el momento se han estimado porque el agua sigue pasando por el chorro en una magnitud que se estima en 760 metros cúbicos por segundo.
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